Radar de lluvia

jueves, 18 de febrero de 2010

Este Descendimiento de Cristo de la cruz es una magnífica obra de Rogier Van der Weyden, quien lo planeó como pintura que traduce los esquemas de los retablos escultóricos alemanes y flamencos de esa época. Éstos plantean habitualmente una caja espacial estrecha, en la cual se colocan a manera de friso los personajes esculpidos, frontales y ajustados al escaso fondo que se les concede. Este planteamiento es el mismo que observamos en el Descendimiento de Van der Weyden: todas las figuras se distribuyen en un primer plano, yuxtapuestas pero procurando que ninguna oculte a las demás. La evocación del estilo escultórico consigue volumen y modelado en los cuerpos, que se aprecia de manera sobresaliente en el cuello de la mujer que se encuentra en el extremo derecho de la composición. Las figuras, diez en total, son Cristo muerto, María, San Juan y los santos varones y mujeres, incluida la Magdalena. Todos ellos llevan hermosos ropajes, cuyas texturas permiten diferenciar terciopelos, sedas, damasquinados, etc. Es también una característica propia del arte flamenco ésta de resaltar la calidad de las materias que aparecen. Es un indicativo del poder del que encarga la pintura. Además, todo el fondo está recubierto por riquísimas láminas de pan de oro, y abundan los azules y los verdes, pigmentos que proceden de moler piedras semi-preciosas. El fondo dorado, además de una ostentación de riqueza, impide que la mirada del espectador profundice en otra cosa que no sea la escena, desarrollada por este marco en un espacio mágico e irreal, sin referencias humanas. La obra fue encargada para la capilla de los Ballesteros de Lovaina, lo cual se refleja en el marco: en los extremos superiores aparecen unas pequeñas ballestas que identifican a los donantes. Parece que en origen era la tabla central de un tríptico, completado por una Resurrección y unas imágenes de santos, pero se desconoce su paradero. Felipe II, gran admirador del arte flamenco, trató infructuosamente de comprarla; por ello, encargó a Michel Coxcie, pintor y copista real, que le hiciera una copia para colgar en El Escorial. Años más tarde, la tía del emperador, María de Hungría, consiguió adquirirlo para la colección real española, a la que llega en 1574, de modo que una segunda copia fue realizada para que permaneciera en la capilla de los Ballesteros. La primera de Coxcie es la que actualmente pende de los muros de El Escorial. La tabla original del Descendimiento se encuentra en el Museo del Prado desde 1939.


miércoles, 17 de febrero de 2010








Pregon de Cuaresma
Y por qué a mí para este menester? ¿Por qué yo, si yo soy un mal aprendiz de cofrade, si yo llevo más de treinta años repitiendo el mismo curso y no lo apruebo, porque es imposible aprobar, con su misma nota, lo que en mí no empezó a alfabetizarse en la sangre del asombro infantil?

No había por mi casa ni túnicas con veinte puestas ni pabilos ennegrecidos entre los restos llorosos de cirios penitentes.
No hay en mi casa esa memoria de espejos de ropero de alcoba que tienen ustedes, mirando al primer nazareno que les nació dentro. No se calienta el recuerdo en mis manos de niño con una bola de cera que iba redondeando un mundo de luces interiores que despertaron después en cualquier cuaresma.
No está por mi memoria infantil, por esa memoria que lo abarca todo sin parpadear, ni la mano de mi padre llevándome entre filas de nazarenos, ni el olor joven de mi madre llevándome a ver cómo pasa un palio por la bocacalle del barrio. No hay en mí, como lo hay en ustedes, esa memoria cofrade que cierra los ojos y ve cómo pasan cuarenta Cristos, cincuenta Vírgenes, en estos días en los que la luz remolonea entre azahares subida al caballete de la tarde.
Ustedes sólo se explican en ustedes. Y es bastante. Quien quiera convencernos de que la Semana Santa no tiene tantos perfiles como tiene el sentido del vivir del sevillano, se equivoca. Por eso yo no me escandalicé y sí se escandalizó el forastero que venía conmigo, aquel año que en la puerta del convento de Santa Inés vimos un letrero en la cuaresma.
¿Qué había escrito en el letrero? ¿Nos llamaban las monjas a un tiempo de oración y penitencia? ¿Nos convocaban a la reflexión y a la fraternidad multiplicada en esos días? No, eso sería explicable en otro sitio. Pero aquí se limitaron a escribir: “Ya tenemos pestiños”. Una de las hermosas maneras de decir que ya mismo era Semana Santa, una manera de pregonar la Semana Santa. Por eso el sevillano sólo se explica en Sevilla. Y eso basta.
Ustedes nacieron entre olor a incienso y cera; a mí el único incienso de la infancia me llega envuelto en misa mayor de domingo, humo de incienso que olía a latín y a sacristán que cantaba un gregoriano terciado de soleá que estaba más cerca de la taberna que del trasaltar; en mí, la cera más cercana es la de la vela en la palmatoria que recorría la casa en procesión de sombra cuando en invierno se iba la luz por la tormenta, aquella llama de aquella vela que le daba a todo un temblor donde el miedo infantil copiaba las deformadas figuras de la pesadilla. ¿Por qué a mí?
Para mí, la Semana Santa es una mañana de palmas y ramas de olivo, sin más borriquita que alguna que montara algún pegujalero camino de la viña o el olivar. Para mi infancia, la cuaresma, más que un meneo urbano de besamanos y triduos, plata limpia donde se mira el día y se repite, es una vigilia de viernes con sabor a guisantes con jibia, espinacas, garbanzos con bacalao, torrijas, tagarninas con huevo, habitas tiernas y, si acaso, unos calcetines nuevos.
Yo no puedo decirles nada nuevo a quienes son espejo de mi curiosidad y mi admiración.
Los de pueblo siempre hemos venido a Sevilla a aprender las maneras. Si veníamos, había que ponerse ropa de Sevilla; si hablábamos, soñábamos con hablar como los de Sevilla, y volvíamos al pueblo mínimamente sevillanizados.
Y en procesiones, ¿qué les va a decir quien sólo vio en su niñez Vírgenes de gloria y Santiago a caballo, y el único sabor “cofrade” que tenían aquellas procesiones eran las levantás de la cuadrilla del Moreno y la banda de Tejera o de Salteras tocando “Amargura” o “Pasan los campanilleros”, y para colmo, aquella música, en verano, nos sabía triste a los chiquillos que disfrutábamos más con las cornetas y los tambores.
Les habla quien de la Semana Santa la mayor seriedad la guarda del Viernes Santo, cuando al ir por la calle a la hora del almuerzo, jugando, gritando con los amigos o dándole patadas a una lata, la voz de una vecina beatona salía a la puerta y nos decía en grito bajito: “¡Niños… callarse y no hacé ruío, que sa muerto er Señó!”
Que el Señor también muere en los pueblos, con menos boato, con menos humos, con menos acompañamiento, pero muere. Los chiquillos, como nunca habíamos visto una urna de Santo Entierro, y del Señor sólo teníamos las imágenes de dos crucificados y la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, un año, un chiquillo de una de las hermandades que tenían crucificado, le preguntó al cura: “Pero er Señó que sa muerto, ¿cuál es, er de nosotro, er de ello o Padre Jesú?”
Después el cura nos dijo que el Señor que había muerto no lo veíamos, que estaba en el cielo, y por eso los Viernes Santo que había tormenta nos metíamos en casa, temiéndole más a la muerte del Señor que a los rayos. Memoria del miedo, sólo del miedo en Semana Santa, porque a aquellos oficios que para nosotros eran un largo funeral sin muerto visible, se sumaba que no teníamos imagen del Resucitado.
¿Por qué a mí? Si yo soy uno que vino a mirar y se quedó admirado, que vino a aprender y sigue aprendiendo, que vino a preguntar y sigue preguntando, que vino a entender y no acaba de entenderlo, porque me falta haber tenido una niñez como la de ustedes, porque cuando vine a ver un palio ustedes ya llevaban bajo palio toda la vida; porque cuando quise aprender algunos nombres ya ustedes llevaban toda la vida pronunciándolos todos.
Soy un extranjero que vino aquí sin saber decir ni una sola palabra del idioma de la Semana Santa, y por más que ustedes se hayan empeñado, a este extranjero le queda un rescoldo de su acento y sabe que se morirá sin poder pronunciar correctamente ese idioma tan rico que ustedes hablan cuando de Semana Santa se trata.
¿Por qué a mí, entonces, el encargo de este pregón? Y si todavía fuera un pregón de algo concreto, el azahar, el cántaro, el maniguetero, el contraguía, la saeta, los palios… es el Pregón del Cofrade, y eso es muy fuerte. Entre otras cosas, porque para cada cofrade hay un gusto y para cada gusto, cien cofrades.
Porque convendrán conmigo en que ustedes, muy sabios, sí, pero también muy especiales, muy, muy especiales. A ver, ¿quién sabe decirme cómo tiene que ser el Pregón Cofrade para contentar todos los gustos de los cofrades? Se me antoja imposible. Hay cofrades que se inclinan por el pregón tipo histórico, y se vuelven locos cuando el de la tribuna sale y dice, por ejemplo:
“…Fue en ese año, 1576, cuando se aprobaron las reglas de la hermandad. Por aquellos años, las cofradías sevillanas no tenían tanto respaldo popular como hoy, aunque sí debemos destacar que el comportamiento de los integrantes de una cofradía era tan austero que no se permitían ni hablar, ni beber, ni, por supuesto, levantarse el antifaz.
Y el cofrade histórico, loco. Y el de la palabra, que se viene arriba: “Hablamos de unos tiempos en los que la ciudad se enfrentaba a los problemas de una epidemia que azotó, sobre todo, a los barrios más pobres. Fue cuando empezó a germinar ese espíritu infantil de los niños integrados en las cofradías. Ese año de 1576, mi hermandad estrenó unos ciriales de plata que hoy, cuasi cinco siglos más tarde, aún podemos admirar en nuestro museo. La España del dieciséis tenía en Sevilla, en su Semana Santa, el reducto de fe más importante.
Una ciudad de comercio creciente que aprovechaba los buenos tiempos del Descubrimiento…” Y el cofrade histórico, loco. Y el de la palabra, sin hablar de la luz del Domingo de Ramos.
Cuando acaba de hablar y el cofrade histórico pregunta con ganas de que le digan que ha sido el mejor pregón, se encuentra con los comentarios de otros cofrades de otras corrientes pregoneras: “Sí…, bien… Pero mú pesao. Muchas fechas, mucho siglo dieciséis pero no ha dicho nada de lo actual. Además, a mí me va a ronear con el siglo XVI, si yo soy del Silencio, que es del XIV?”. ¿Cómo acertamos con ustedes? Después tenemos el cofrade que se muere por el pregón tipo “contenido”. Sale el pregonero, y, por ejemplo, suelta:
“…Los momentos que vive la Iglesia animan a los cofrades a seguir, con más fuerza que nunca, el camino de la fe y del compromiso cristiano como única vía de salvación.
No podemos permanecer con los brazos cruzados, no podemos hacer de la Semana Santa un territorio para la fiesta, y hemos de llevar, indemne y a punto de revista, nuestra condición de cristianos, y con ella, ir por los días, no sólo de la Pasión, sino de la cuaresma y aun del resto del año, dando ejemplo en cada lugar en que nos encontremos”.
Y el cofrade que se desvive por el pregón tipo “contenido”, loco. Y sigue el orador: “¡El cofrade, si se viste de nazareno, lo hace como si se vistiera de sacerdote, y si acompaña a su Virgen o a su Cristo, lo hace como si verdaderamente estuviera acompañando a Jesús y a María por las calles de la verdadera Pasión!
¡Ser cofrade no es posible si no nos anima un sentimiento de fe y de esperanza en Cristo, si diariamente no hacemos de nuestra vida un camino de perfección..!” Y el cofrade tipo “contenido”, loco.
Y cuando acaba el orador, la pregunta frotándose las manos, y el comentario de otros cofrades: “Hombre…, sí, con mucho contenido, pero ni un verso, ni un piropo, ni una alegría, ni ha contado nada de cómo empezó en la Semana Santa… Díganme, ¿cómo se acierta con el gusto del cofrade sevillano, si pregone quien pregone siempre va a tener una crítica al lado de cien alabanzas?
Feliz Cuaresma.
Se trata de una pintura realizada por Javier Aguilar Cejas en la que se puede ver a la Virgen del Rosario Coronada en primer plano sobre el Cristo de los Faroles y en cuyo fondo se aprecia la típica estampa del Pueste Romano y la Mezquita-Catedral a un lado y el arcángel San Rafael al otro







Los siete santos fundadores (año 1233)
Eran siete amigos, comerciantes de la ciudad de Florencia, Italia.
Sus nombres: Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan.
Pertenecían a una asociación de devotos de la Virgen María, que había en Florencia, y poco a poco fueron convenciéndose de que debían abandonar lo mundano y dedicarse a la vida de santidad. Vendieron sus bienes, repartieron el dinero a los pobres y se fueron al Monte Senario a rezar y a hacer penitencia. La idea de irse a la montaña a santificarse, les llegó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Sma. Virgen, y la pusieron en práctica el 8 de septiembre, día del nacimiento de Nuestra Señora. Ellos se habían propuesto propagar la devoción a la Madre de Dios y confiarle a Ella todos sus planes y sus angustias. A tan buena Madre le encomendaron que les ayudara a convertirse de sus miserias espirituales y que bendijera misericordiosamente sus buenos propósitos. Y dispusieron llamarse "Siervos de María" o "Servitas".
En el monte Senario se dedicaban a hacer muchas penitencias y mucha oración, pero un día recibieron la visita del Sr. Cardenal delegado del Sumo Pontífice, el cual les recomendó que no se debilitaran demasiado con penitencias excesivas, y que más bien se dedicaran a estudiar y se hicieran ordenar sacerdotes y se pusieran a predicar y a propagar el evangelio. Así lo hicieron, y todos se ordenaron de sacerdotes, menos Alejo, el menor de ellos, que por humildad quiso permanecer siempre como simple hermano, y fue el último de todos en morir.
Un Viernes Santo recibieron de la Sma. Virgen María la inspiración de adoptar como Reglamento de su Asociación la Regla escrita por San Agustín, que por ser muy llena de bondad y de comprensión, servía para que se pudieran adaptar a ella los nuevos aspirantes que quisieran entrar en su comunidad. Así lo hicieron, y pronto esta asociación religiosa se extendió de tal manera que llegó a tener cien conventos, y sus religiosos iban por ciudades y pueblos y campos evangelizando y enseñando a muchos con su palabra y su buen ejemplo, el camino de la santidad. Su especialidad era una gran devoción a la Santísima Virgen, la cual les conseguía maravillosos favores de Dios.
El más anciano de ellos fue nombrado superior, y gobernó la comunidad por 16 años. Después renunció por su ancianidad y pasó sus últimos años dedicado a la oración y a la penitencia. Una mañana, mientras rezaba los salmos, acompañado de su secretario que era San Felipe Benicio, el santo anciano recostó su cabeza sobre el corazón del discípulo y quedó muerto plácidamente. Lo reemplazó como superior otro de los Fundadores, Juan, el cual murió pocos años después, un viernes, mientras predicaba a sus discípulos acerca de la Pasión del Señor. Estaba leyendo aquellas palabras de San Lucas: "Y Jesús, lanzando un fuerte grito, dijo: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!" (Lc. 23, 46). El Padre Juan al decir estas palabras cerró el evangelio, inclinó su cabeza y quedó muerto muy santamente.
Lo reemplazó el tercero en edad, el cual, después de gobernar con mucho entusiasmo a la comunidad y de hacerla extender por diversas regiones, murió con fama de santo.
El cuarto, que era Bartolomé, llevó una vida de tan angelical pureza que al morir se sintió todo el convento lleno de un agradabilísimo perfume, y varios religiosos vieron que de la habitación del difunto salía una luz brillante y subía al cielo.
De los fundadores, Hugo y Gerardino, mantuvieron toda la vida entre sí una grande y santísima amistad. Juntos se prepararon para el sacerdocio y mutuamente se animaban y corregían. Después tuvieron que separarse para irse cada uno a lejanas regiones a predicar. Cuando ya eran muy ancianos fueron llamados al Monte Senario para una reunión general de todos los superiores. Llegaron muy fatigados por su vejez y por el largo viaje. Aquella tarde charlaron emocionados recordando sus antiguos y bellos tiempos de juventud, y agradeciendo a Dios los inmensos beneficios que les había concedido durante toda su vida. Rendidos de cansancio se fueron a acostar cada uno a su celda, y en esa noche el superior, San Felipe Benicio, vio en sueños que la Virgen María venía a la tierra a llevarse dos blanquísimas azucenas para el cielo. Al levantarse por la mañana supo la noticia de que los dos inseparables amigos habían amanecido muertos, y se dio cuenta de que Nuestra Señora había venido a llevarse a estar juntos en el Paraíso Eterno a aquellos dos que tanto la habían amado a Ella en la tierra y que en tan santa amistad habían permanecido por años y años, amándose como dos buenísimos hermanos.
El último en morir fue el hermano Alejo, que llegó hasta la edad de 110 años. De él dijo uno que lo conoció: "Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno de los Siete Santos Fundadores, el hermano Alejo, y de sus labios oímos la historia de todos ellos. La vida del hermano Alejo era tan santa que servía a todos de buen ejemplo y demostraba como debieron ser de santos los otros seis compañeros". El hermano Alejo murió el 17 de febrero del año 1310.
Que estos Santos Fundadores nos animen a aumentar nuestra devoción a la Virgen Santísima y a no cansarnos nunca de propagar la devoción a la Madre de Dios.

viernes, 12 de febrero de 2010


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La Semana Santa de 2010 tendrá 60 cofradías. Por fin hubo consenso, y la hermandad del Sol cuenta ya con el beneplácito del Consejo de Hermandades, Palacio Arzobispal, y las otras 4 corporaciones del día para incluirse en el Sábado Santo.
Al final hubó fumata blanca. No habrá que esperar a última hora. El último escollo se superó hace escasas horas, pues las hermandades del Sábado Santo no pondran ningún tipo de impedimento a la inclusión de la hermandad del Sol en la jornada epíligo de nuestra Semana Mayor.

La corporación del Plantinar ya tenía desde hace bastante tiempo el beneplácito de Palacio Arzobispal, que como ocurriera con el Carmen Doloroso y el Polígono de San Pablo, estaba totalmente abierto a la llegada de nuevas hermandades a la Catedral, y así se ha preocupado por hacerlo saber en repetidas ocasiones.
Con el Consejo de Hermandades se culminó hace escasas semanas con lo prometido. Adolfo Arenas había exigido que la hermandad hiciera la estación de penitencia desde una Capilla propia, evitando la salida de Carpas u otros elementos prefabricados. Pues bien, la Capilla anexa a la Parroquia del Plantinar está a punto de ser finalizada en un tiempo record, cumpliendo lo acordado.
Pero aún quedaba el último obstáculo y más dificil: el consenso entre el resto de hermandades del Sábado Santo. Los obsoletos estatutos que rigen nuestro Consejo exigen el visto bueno del colectivo de corporaciones del día, como ocurriera con el Carmen Doloroso y el Polígono de San Pablo. Ahí se encontraba el hueso más duro de roer, pues no todas las hermandades del Sábado Santo querían que la corporación del Plantinar ingresará en la nómina del Sábado Santo. Sin embargo, finalmente se ha producido el acuerdo, tras el "affaire" del Resucitado no se vería con muy buenos ojos en el resto de la Sevilla cofradiera, que el Sábado Santo rechazara la entrada de otra hermandad, algo que no se producirá,
La hermandad del Sol saldrá la primera del día. Pondrá la Cruz de Guía en la calle alrededor de las 14:00 de la tarde, volviendo a su templo cercana la madrugada del Domingo de Resurrección. Tiene el dispositivo e itinerario preparados, aunque podrían surgir variaciones de última hora. La intención es llegar a la Carrera Oficial por San Bernardo y la Puerta la Carne, y retornar por la Puerta de Jerez.


La Virgen del Rosario de Montesión presidió el Sábado un acto tan efímero como admirable. La novia del jueves Santo se asomó al portón de su Capilla para pedir donativos para paliar la tragedia en Haiti. Mucha gente acudió y se detuvo ante sus plantas, en este año tan especial para la Corporación de la calle Feria.

miércoles, 10 de febrero de 2010








Juzguen ustedes mismos, se le puede llamar Esperanza Macarena a esta imagen de la vecina localidad de Valdepeñas, por si os sirve de ayuda a sido restaurada.

martes, 9 de febrero de 2010

" A buen juez mejor testigo"
Está el Cristo de la Vega
la cruz en tierra posada,
los pies alzados del suelo
poco menos de una vara;
hacia la severa imagen
un notario se adelanta,
de modo que con el rostro
al pecho santo llegaba.
A un lado tiene a Martínez;
al otro lado, a Inés de Vargas;
detrás el gobernador
con sus jueces y sus guardias.
Después de leer dos veces
la acusación entablada
el notario a Jesucristo
así demandó en voz alta:
-Jesús, hijo de María,
ante nos esta mañana
citado como testigo
por boca de Inés de Vargas
¿juráis ser cierto que un día
a vuestras divinas plantas
juró a Inés Diego Martínez
por su mujer desposarla?
Asida a un brazo desnudo
una mano atarazada
vino a posar en los autos
la seca y hendida palma,
y allá en los aires “¡Sí, juro!”
clamó una voz más que humana.
Alzó la turba medrosa
la vista a la imagen santa
Los labios tenía abiertos
y una mano desclavada.

lunes, 8 de febrero de 2010



Pero como Tú, ninguna,
Estrella de la Mañana
De Morena de Juncal,
Y de Gracia Sevillana.
Pero como Tú, ninguna,
porque Tú eres la Giralda
en repique de alegría
por los caminos del alba
y también Torre del Oro
entre espumas recamada,
y Guadalquivir de encajes
con orilla de esmeraldas,
porque en sus cauces navegue
Tu Pena de Sal Amarga.
Pero como Tú ninguna,
Porque Tú eres la Bandera
Del Candor y la Ternura,
Rincón de amor y ventura
y eres su Calle de Cielo
y eres su Plaza escondida,
y eres Cristal de sus fuentes,
y eres Luz de sus esquinas
y eres Flor de sus jardines,
y eres Venda de su herida
y eres su Escudo de Gloria,
y eres Sangre de su vida
y eres árbol de su sombra,
y eres Rosa de su espina
y eres Ala de su vuelo
y eres Campana en su arista
y eres Perfume en su ambiente,
y eres Color de sus días,
y eres Copla en sus sentires
y eres Faro y su Guía.
Por eso a Ti, Macarena
Talla en jardín de brisas
Con las Gubias Celestiales
Del Dolor y la Sonrisa,
Te hicieron la Soberana,
De las Legiones Divinas
Te coronaron de estrellas
Te proclamaron Bendita
Y te bajaron los Ángeles
Para dejarte en Sevilla
Por eso Reinas habrá
Pero como tu ninguna.

sábado, 6 de febrero de 2010









Candelaria de la Axerquia
Marcha de D. Luis Bedmar realizada a María Stma. de la Candelaria de Cordoba.

jueves, 4 de febrero de 2010







Durante los días 30 y 31 de enero, se ha celebrado en la Ciudad de sevilla el X Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías Trinitarias, organizado por la Fervorosa y Trinitaria Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado,Nuestra Señora del Rosario Doloroso,San Juan de Mata y San Ignacio de Loyola, la Orden de la Santísima Trinidad y la Confraternidad de Hermandades y Cofradías Trinitarias.Nuestra Hermandad Solanera tambien asistio a tan gran evento.