Radar de lluvia

sábado, 27 de abril de 2013

MORS MORTEM SVPERAVIT

Nadie se ha acordado de ella. La que mejor representa el barroco, la que más atrae al público infantil, la que simboliza la tiesura que lastra a tantísimos sevillanos, la que siempre está huérfana de oraciones y saetas, la que (oh paradoja) está considerada como una superviviente de aquellos pasos alegóricos que antaño fueron populares, la que es ejemplo de austeridad y recortes, pues tan sólo gasta cuatro velones y unas pocas yedras y cardos; la que provoca una mezcla de recelo y guasa que es la viva representación de la ciudad, la que medita en soledad al pie de la cruz en la ciudad de las bullas, la que tiene por única compañía el dragón que representa el pecado, la que por ser distinta tiene el llamador en la zambrana. Ignorada y ninguneada en la ciudad de los silencios.

Nadie la ha tenido en cuenta ni para las quinielas, ni para hacerle un hueco en una meditación final. Más orillada que un alcalde del PP sin mayoría absoluta, con una valentía a prueba de ojanómetros desde que se plantó en el patio central del Ateneo, que hay que tener bien puestos… los huesos para entrar allí y quedarse unos días con la que está cayendo; cantada con ironía por pregoneros que para ella pidieron desde el atril el caldito del puchero, muchos le dan la espalda cuando ella se para delante por orden del capataz, no conoce más música que las pisadas marciales de los soldados romanos y los cuchicheos de quienes verde la ponen y hacen bromas de lo mal que lleva la edad o la colocan en carteles apócrifos delante del rótulo comercial de una gran firma de seguros de vida.

¡Qué sola se queda siempre la Canina! Ella es Sevilla misma y Sevilla misma la ignora. Qué sería de la Semana Santa sin la Canina. Cuánto ignorante, cuánto ingrato. Si se trataba de sacar pasos, ninguno como el de ella, alegoría sin la cual nada tendría sentido. Porque meditar, hace falta meditar un rato largo. La Canina sí que cumple desde hace tiempo con esa gran sentada que necesita la actual Semana Santa, como recomendó Aragonés cuando se hizo cargo de la selección española. No ha habido dispensa para la Canina.

Nadie le dedica ni una marcha con florituras de trompeta, nadie inventa para ella salidas extraordinarias, ni actos de exaltación con la luz baja y el tío dando la brasa en el reclinatorio, nadie le pregunta al pregonero de turno si nombrará o no a la Canina en su pregón, que ahí está la clave, con la de chorradas que se le preguntan a los pregoneros. Y eso que Canina rima con bocina, con el azahar que trasmina y con su cabeza que no usa gomina. Vayan estas torpes líneas en defensa de la Canina a modo de homenaje emocionado en estos días de agravio que ha vivido desde la soledad de su altar.
¡Qué sola se queda siempre la Canina!...